La enseñanza del francés debe romper con el modelo tradicional que ha predominado en la enseñanza de una segunda lengua. Es decir, ha prevalecido, y aún quizás hoy prevalezca en la escuela más de lo que quisiéramos, un modelo basado en la creencia de que si proporcionamos al alumno el conocimiento de la estructura y funcionamiento del sistema lingüístico –la lengua como objeto de estudio o metalengua- vamos a desarrollar en él las capacidades de expresión y comprensión en su doble vertiente: oral y escrita. Cuando, sin embargo, la realidad demuestra que los alumnos se pasan años y años en el sistema educativo estudiando una segunda lengua, y la capacidad comunicativa –expresión oral y escrita- es pobre (nos referimos al inglés, pero es igualmente válido para cualquier otra lengua, baste pensar en el español). De igual modo, es casi inexistente la capacidad para comprender e interpretar críticamente cualquier tipo de información, así como deficiente es el aprendizaje lingüístico (por más que se pasen el tiempo de aprendizaje estudiando tiempos verbales, el adjetivo, el adverbio, ....).
Paralela a esta forma de enseñar una lengua, existe otra basada en una visión funcionalista y comunicativa de la lengua. Este modelo centra su atención en el uso de la lengua, más que en el aprendizaje del código y normas lingüísticas. En este sentido, en la propuesta diseñada, el francés sirve ante todo como un instrumento para la comunicación y la representación de experiencias de aprendizaje (informe individual y de grupo sobre el trabajo realizado), de los conocimiento e ideas que irán descubriendo (trabajo escrito en francés). Todo lo cual tendrá que ser expuesto en el grupo-clase (aprendemos un idioma para comunicarnos).
Por otro lado, el uso del francés y la adquisición de conocimientos sobre la sociedad francesa, su cultura, manifestaciones artísticas.... se convierten en contenidos en torno a los cuales se pretenden que el alumnado desarrolle una serie de procedimientos de trabajo que van más allá de la mera adquisición memorística del libro de texto. Entendemos que el francés se convierte no sólo en contenido para el desarrollo de la competencia comunicativa del alumnado, sino -y aquí creemos que está la otra clave de la propuesta-, también como instrumento de acceso a una cultura diferente a la nuestra. Precisamente, sí hoy más que nunca en la sociedad global en la que vivimos somos en relación, somos interdependientes, y por tanto, somos o nos deberíamos situar autónomamente (con responsabilidad, libertad para decidir, con tolerancia que no nace del miedo a la diferencia sino del conocimiento,....), las propuestas de trabajo en la escuela debieran recoger en las formas de hacer en el aula estas aspiraciones como VIVENCIAS A EXPERIMENTAR, PROCESOS REALES DE RELACIÓN CON LOS DEMÁS Y EL CONOCIMIENTO en el aula. ¿Cómo sino vamos a conseguir alumnos alfabetizados para moverse en un mundo que por global es mestizo culturalmente?. Cómo van a aprender a ser (Delors, 1996).
Aprender a aprender exige como condición (es) imprescindible (s) que los estudiantes sean capaces de interrogarse, de hacer preguntas, al tiempo que planificar la manera de contestar a las preguntas: ¿qué informaciones se precisan? (Torres, 1994)
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